La llegada al mundo, el primer día de clases, un cumpleaños, el acto de fin de año, las vacaciones, un encuentro familiar, entre otros momentos, pueden ser motivo para un posteo en las redes. Incluso, y aún desde las buenas intenciones, los momentos íntimos y hasta más tristes de uno mismo.
Se lo conoce como “sharenting” y surge de la conjunción de "share" (compartir) y "parenting" (criar). Como su nombre lo indica, el comportamiento -que hace alusión al hábito de los padres (sumergidos, como todos, en el mundo de las redes) de compartir momentos o experiencias en las vidas de sus hijos- se convirtió en el foco de análisis para expertos en las costumbres que trajo consigo la cultura digital.
El acto de compartir no siempre se lleva adelante considerando la voluntad de los chicos (que, en muchos casos, ni siquiera son conscientes de esa exposición). “Una vez que una imagen toca Internet, ya no la podemos controlar”, advirtió en una entrevista Lucia Fainboim, especialista en ciudadanía y crianza digital.
La especialista indicó que compartir imágenes de hijos en entornos digitales es “el traslado digital a prácticas que siempre tuvimos, mostrar la foto carné en la billetera, de los nietos, de los hijos, por el orgullo, por el amor que tenemos”. Para la profesional, este gesto cotidiano dificulta que las familias pongan límites a la exposición. “Pero a veces nos cuesta frenar y reflexionar sobre el impacto que tiene Internet, que es distinto a la billetera”, subrayó.
También remarcó que la convivencia familiar en redes sociales introduce contradicciones entre el discurso preventivo de los adultos y sus propias acciones. “Cuando los chicos después abren sus primeras redes sociales, uno está muy encima, no publiques todo, no des tanta información. Estás todo el día compartiendo tu vida. Y ellos me dicen: ‘Bueno, pero vos hiciste lo mismo conmigo’”, relató.
Una oportunidad para educar en privacidad digital:
La especialista sugirió tomar la infancia como una oportunidad para educar en privacidad digital. Además, subrayó que se suele minimizar la magnitud de la exposición en Internet dentro del entorno familiar. “Las redes están hechas para que uno se olvide la cantidad de gente que hay del otro lado. Y por ahí vos subís una foto pensando en tal persona. Pero cuando alguien rompe esa cuestión que nos olvidamos y decís: ‘Ah, claro, hay un montón de gente viendo’”.
Consultada sobre los riesgos digitales emergentes, la especialista alertó sobre el avance de la inteligencia artificial y los peligros de la manipulación digital: “En el 2030, dos tercios de los robos de identidad o de los fraudes financieros vinculados a los adultos de ese momento van a tener que ver con la información que compartimos sus padres antes”.
Recomendaciones a tener en cuenta:
Frente a este panorama, recomendó a madres y padres restringir la publicación de imágenes hasta que los niños puedan decidir sobre su propia presencia digital. “Hasta que creamos que tienen la capacidad de decidir bien si quieren que haya fotos o no, evitar subir o al menos decir bueno, mejores amigos, que es mi círculo íntimo", precisó Fainboim.
Al describir las rutinas familiares, la especialista remarcó que la insistencia en fotografiar a los hijos puede generar tensiones. “Hay como algunas cosas que irritan a los chicos, por ejemplo, la interrupción constante: ‘Volvé a tirarte, volvé a reírte, a ver cómo hiciste recién’. Esa cosa implícita de: me interesa más mostrarlo. Entonces, ahí también se empiezan a molestar con las fotos, como basta, dejá de tomarme fotos”.
Para fomentar un uso responsable de la tecnología en la crianza, Fainboim propuso que el permiso y el respeto por la privacidad se enseñen desde la niñez. Recomendó a los adultos preguntar siempre a los menores antes de tomar y compartir imágenes, entendiendo este gesto como un primer paso para formar autonomía y respeto por el cuerpo y la intimidad desde los primeros años.
"Los chicos en las redes sociales están vulnerables a todo":
Por otro lado, y en relación a los menores de edad en el mundo digital, la psicopedagoga María Zysman compartió una reflexión: “Todo lo que vemos es que se busca que los chicos respondan a cuestiones que les sirven a ciertas industrias o a ciertas ideas. Sea el cuidado del cuerpo o descuido, las apuestas, el consumo de violencia, seguir a ciertas ideas políticas únicamente por ser divertidas en redes. Las familias muchas veces piden regular lo que ellos no pueden”.
Y agregó: “A los chicos no se los está cuidando, desde lo que se les ofrece y desde lo que se les quita. De jugar, de estar tranquilos, de tener el cuerpo que tengan. Dar cosas feas y quitar cosas buenas”.