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"No hay un solo artista de reality que valga la pena"

En su estudio de Ramos Mejía, el cantautor graba su música y da clases con el método que aprendió de Bobby McFerrin. Critica a los realities que buscan talentos y cuenta que fue profesor de Marcela Morelo y el policía cantor.
Miércoles, 08 de julio de 2009 a las 17:04
El estudio de grabación que Guillermo Guido tiene sobre la calle Castelli está lleno de fotos suyas con grandes artistas nacionales e internacionales: Charly García, Valeria Lynch, María Marta Serra Lima, Armando Manzanero,  Joaquín Sabina... La lista podría seguir. “Me di el gusto de cantar con casi todos los que quería”, comenta él orgulloso, mientras pasa al lado de un retrato que lo muestra en sus días de gloria. “Ese soy yo cuando todavía tenía pelo”, bromea. 
Más allá de no contar con un espacio en la televisión, Guido asegura que continúa con un ritmo de trabajo casi tan agitado como en los ’80. Luego de interpretar a Juan Domingo Perón en el musical “Eva Duarte”, que se presentó el año pasado en el auditorio del hotel Bauen, hoy continúa su carrera dando shows en casinos, bingos y hasta cruceros.
Su última aparición televisiva fue en la miniserie de América “Todos contra Juan”, donde mostró su faceta actoral y pudo burlarse de sí mismo. Pero antes, en 2004, Guido había vuelto a los medios involuntariamente, por un conflicto que nada tenía que ver con la música. Tras el nacimiento de sus trillizos Agustín, Azul y Abril mediante inseminación artificial, inició junto a su mujer Mariana una batalla legal (y mediática) contra la obra social que se negaba a pagar los gastos de internación. Casi sin quererlo, instaló el debate por los derechos de los niños que nacen bajo este tratamiento, y salió triunfante.
Ahora, ese trago amargo quedó atrás, y Guillermo puede dedicarse de lleno a su trabajo artístico, mientras mantiene su taller de canto hace seis años en el centro de Ramos Mejía.

¿Cómo surgió la idea del taller?
En los ’80 mi disquera me consiguió una beca para hacer un curso de canto con Bobby McFerrin en Los Ángeles – el autor de “Don’t worry, be happy”, que hace música con su boca y su cuerpo –. Como me hice su amigo, terminé dando clases durante un año en una sucursal latina de su escuela. Y me quedé interesado con su método y su forma de enseñar. Cuando volví a la Argentina, empecé a implementarlo con un chico, y él llamó a un amigo y él a otro. Después de un tiempo abrimos el taller, primero en Quilmes – su ciudad natal – con Alejandra Cánepa – ex compañera del dúo “Alejandra y Guillermo” –, y después acá, cuando me casé y vine a vivir a Ramos. Puse un pasacalle y se me llenó de gente. 

¿Los alumnos vienen para hacerse profesionales?
No, en general lo hacen como terapia. Incluso hay casos que los manda el médico. La gente está muy ávida de cantar: jóvenes, maduros o pasados de la madurez. Obviamente hubo chicos que sí querían empezar una carrera. Tuve como alumnos a Marcela Morelo y a Fabián Schultz (“el policía cantor”), por ejemplo. Yo les transmito todo lo que sé como cantante, toda la experiencia que tengo. Y les enseño cómo actuaría un profesional: grabar, buscarse un buen repertorio, ser afinados, cómo actuar en el escenario.

¿Cuántos alumnos tiene ahora?
Nunca paso de los 20 alumnos, porque las clases son individuales. Sólo hacemos algunas grupales. También hacemos muestras en el Teatro Marechal de Ramos o en La Bohemia de Caballito. El año pasado hicimos una con música infantil. Otras veces armamos muestras de folclore, tango, pop o rock. Yo me encargo de organizarlas: hago las pistas y veo el repertorio que necesitan.

¿También les enseña a componer?

Sí, trato. A algunos no les gusta. Pero otros ya vienen con alguna letra, y yo los incentivo para que le pongan música, o a la inversa.

¿Para un artista es más importante cantar o componer?
Es mejor cantar lo que uno compone, te da más peso como artista. Para mí tiene más peso Alejandro Sanz que Luis Miguel.  Aunque Luis Miguel canta mucho más, en la historia de la música van a quedar más cosas del español, porque él compone sus temas. Si Luis Miguel compusiera, sería Gardel. Joaquín Sabina, por ejemplo, como compositor es tan grosso que a nadie le importa cómo canta.

¿Aprendió algo de la enseñanza?
Sí, enseñando se aprende. Hay que aprender a enseñar. Porque viene gente que te pregunta cosas técnicas, o te traen una canción que no sabés y la tenés que aprender. Yo no creo en el cantante que enseña y no sabe cantar. Es como un director técnico de fútbol que no jugó nunca al fútbol.

Estuvo mucho tiempo alejado de los medios, ¿Qué opinión tiene sobre la fama?
Viví unos años de transición con respecto a la fama. Antes la fama la elaborabas vos en tu casa, componiendo tus canciones. Ahora se elabora en televisión, en los realities. Y de manera totalmente errónea, porque el artista no se fabrica, el artista nace. De los realities que se hicieron en los últimos diez años, no he visto un solo artista que valga la pena, con un estilo propio. Salvo David Bisbal, pero no es argentino. Generalmente los usan  para hacer un programa, y se hacen más conocidos los jurados que los mismos cantantes. Hay chicos que lo hacen con muchas ganas y parecen tener talento, pero se someten a algo que no cuadra. Ahora está Diego Torres, o muchos grupos under, que no salen de un reality. Esos son los verdaderos artistas para mí. Los otros son una cosa farandulera que se quiere inventar.

¿O sea que valora más a los que inician su carrera fuera del medio?
Yo no tengo problema con el medio. Pero vengo de los que se hacen artistas por uno mismo y se cruzan con los otros, que no tienen nada que ver. Valeria Lynch, Paz Martínez, Sergio Denis y todos los de mi generación, no tenemos una gran exposición televisiva. Pero trabajamos mucho más que todos los demás. Yo recorro el país anualmente, dando shows en los casinos y los bingos. Es un ritmo de trabajo muy fuerte que la gente no ve en la tele. Lo que sucede con este laburo es que a veces hay parates de dos o tres meses  y no entra guita en casa. Ahí es donde se hace importante tener un grupo de alumnos en el taller.

¿Cómo fue participar en “Todos Contra Juan”?

Cuando me vi, dije: “me tengo que dedicar a cantar, para actuar soy de madera” (risas). Uno dice que en Argentina cualquiera actúa, pero cuando estás al lado de actores de verdad, como Gustavo Garzón o Gastón Pauls, te das cuenta que para ser actor también tenés que estudiar. A mí se me hizo más fácil, porque todos esos monstruos que tenía al lado mío me fueron guiando. Si ellos tuvieran que cantar yo los guiaría. Fue mucho más difícil hacer de Perón, porque es un personaje fuerte y lo conoce todo el mundo.

Además, en el programa hizo de usted mismo…
Sí, aunque con la vuelta de tuerca de que me robaba temas musicales. Mis amigos me decían: “mucho no te costó hacer de ladrón” (risas). Fue divertido, lo pasamos muy bien, y junto con Jorge Rossi fuimos elegidos los artistas invitados que tuvieron mejor onda.

Hace algunos años estuvo en televisión por algo ajeno a su carrera ¿Qué le quedó como experiencia de ese conflicto?
No se lo deseo a nadie, fue algo estresante y doloroso. Cuando nacen tus hijos, querés disfrutarlos. Y en mi caso se armó todo ese bochinche. Nos perdimos eso que todo padre tiene derecho a  vivir y disfrutar. Con mi mujer queríamos estar con los trillizos, y en cambio andábamos de Tribunales a Defensa del Consumidor, y de ahí al programa de Mauro Viale. Aunque después, cuando ves el resultado, y que gracias a eso ahora todos los nenes nacidos por inseminación artificial tienen los mismos derechos que los demás, te das cuenta de que valió la pena. Los míos ya están por cumplir cinco años, están hermosos y los adoro. Creo que la vida es un antes y un después de tener hijos.
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