Cuando un acusado se niega a declarar en el juicio oral, el tribunal ordena la incorporación "por lectura" de su versión de los hechos formulada durante la primera etapa de la investigación, lo que no invalida que el imputado pida aclarar, corregir o incluso desmentir esos dichos en cualquier momento del debate. Así se pudo saber que el ex manager de Callejeros, acusó al ex gerenciador de Cromañón, Omar Chabán, de haberle mentido acerca de la seguridad que tenía el boliche, aunque admitió que desconocía que en ese tipo de locales estaba prohibido realizar recitales y sólo se podía bailar.
"A mí Chabán me mintió, no tenía idea de que podía pasar algo así. Para mí, Cromañón era el lugar más seguro de la Capital", dijo Argañaraz en una indagatoria prestada en 2005 que fue leída en la cuarta audiencia del juicio oral que se realiza por el incendio que en 2004, dejó 194 muertos. El ex manager indicó que la banda empezó a tocar en Cromañón en marzo de 2004, luego de haberlo hecho en Cemento, y que en esa ocasión Chabán le dijo que en el local "podían entrar 5.000 personas", cuando en realidad estaba habilitado para 1.031.
Además, admitió que sabía que había habido un principio de incendio en el techo durante un recital de la banda Jóvenes Pordioseros ofrecido en diciembre, pero que Chabán le aclaró la situación cuando, una vez, vio unos paneles negros en el piso del local.
Según el imputado, le dijo: "Quedate tranquilo que son acústicos e ignífugos" y sobre el incendio afirmó que Chabán le explicó que "una cañita voladora había pegado en el trapo de un inyector de aire".
Al igual que el lunes pasado, se volvió sobre un punto central: ¿quién estaba a cargo de la seguridad en Cromañon?
Según Argañaraz, Raúl Villareal, mano derecha de Chabán, era el encargado de la seguridad, recorría todo el predio, hacía pasar a los invitados, se ocupaba de los cacheos y era "el que daba todas las órdenes".
En tanto, la gente contratada por la banda usaba remeras que decían "Callejeros control" y se ocupaba de verificar las barras, los baños, el mangrullo y la cabina de sonido "para que no roben" y "si había bengalas, encontrarlas".
Sobre el uso de pirotecnia, afirmó que la noche del 30 de diciembre "el control fue estricto porque hasta les hicieron sacar las zapatillas a los chicos y revisaban a todos, ya que se decía que entraban las bengalas en los corpiños y atadas a menores de cuatro años".
Respecto de lo ocurrido tras el incendio, el imputado señaló que, al iniciarse, estaba afuera controlando que no se revendieran entradas y que trató de abrir varias puertas, pero no pudo y que sugirió sacar gente por una que conectaba con el hotel lindante.
Por último, recordó que a su madre, que había concurrido esa noche, la sacaron los bomberos, pero que su novia, Romina, murió dentro del boliche.