Facundo Manes le pidió a Javier Milei que “baje el tono de violencia” porque “afecta a un pueblo sufrido”. El médico argumentó que el “discurso agresivo” del presidente afecta la salud mental de todos los argentinos.
“Yo le pido por favor al presidente Milei, aunque yo no esté de acuerdo en muchas de sus medidas, ya lo sabe todo el mundo, que baje el tono de violencia. Porque la gente se va a dar cuenta, y si no le vamos a decir a la gente, que un discurso violento afecta más a un pueblo sufrido”, planteó Manes durante una entrevista en la que habló sobre todo de cuestiones neurológicas y salud mental.
“En Estados Unidos hubo un estudio donde analizaron que el discurso de Trump afecta la salud mental de los americanos: genera más estrés, trastornos de ansiedad y del sueño. Cuando la gente acá se dé cuenta que el discurso de Milei le afecta el sueño, el estrés y la ansiedad, va a perder más votos que con su plan económico”, argumentó el ex legislador radical.
“Tenemos demasiados problemas, y si además tenemos que soportar un discurso violento, se hace imbancable la situación”, continuó Manes. “Los argentinos tenemos demasiados problemas: no tenemos un consenso de qué país queremos ser, la mayoría de la gente no llega a fin de mes y no alcanza la guita para las cosas básicas. Y, si además tenemos que soportar un discurso violento, se hace imbancable la situación. Así que le sugiero y le pido al presidente que baje el nivel de violencia”, volvió a plantear.
Víctima de una agresión nacional:
El neurocientífico luego dijo que él mismo fue víctima de las agresiones del gobierno nacional, en referencia al famoso cruce que protagonizó con Santiago Caputo en la apertura de sesiones de 2025.
“En algunos aspectos de estos años me afectó a mí también porque fui víctima de una agresión del Gobierno. Pero más allá de eso, le pido al presidente que baje el nivel de violencia porque afecta a la salud mental de los argentinos”, pidió.
“También afecta a las personas que lo apoyan, porque los irrita un poco. Ya que un discurso tan agresivo, tan impulsivo y tan divisorio afecta a todos”, concluyó Manes.
“Hay que invertir en el cerebro”:
Manes también planteó que el futuro de la economía y la cohesión social depende de priorizar la inversión en el cerebro y la salud mental, en un contexto de revolución tecnológica y desigualdad creciente. En este marco, abordó la urgencia de invertir en el cerebro.
Manes enfatizó que “el sesenta por ciento de las demencias hoy se sabe que pueden ser prevenibles”, y detalló que el impacto de las enfermedades neurológicas será mayor en países de ingresos medios y bajos, como la Argentina. “Si cuidamos el colesterol, la glucosa en sangre, la tensión arterial, si comemos para el corazón, si no fumamos, si hacemos ejercicio físico, si tenemos vida social intensa, si aprendemos cosas nuevas, hoy podemos prevenir. Por eso, invertir en el cerebro es clave”, remarcó.
Ante la consulta sobre si es posible evitar por completo estos trastornos o solo demorarlos, Manes aclaró: “Si uno puede postergar la aparición de los síntomas, ya la aparición de los síntomas coincide con la expectativa de vida. O sea, no aparece”.
El neurocientífico hizo hincapié en el vínculo entre desigualdad, pobreza y desarrollo cognitivo: “El 60 % de los chicos en Argentina vive en la pobreza. La pobreza produce un impuesto cognitivo: no solo la malnutrición, sino la falta de estímulo afectivo y cognitivo. Este tema es económico, de productividad y de democracia en la era de la inteligencia artificial”.
Reconoció que el cerebro es plástico y que “nunca es tarde para empezar”. Por otro lado, subrayó los efectos de la pandemia: “El impacto educativo en la Argentina será de seis, siete décadas. Los chicos que no tuvieron un año y medio de clases lo van a arrastrar por generaciones. El impacto mental lo estamos viendo: depresión, estrés, ansiedad. Estamos rotos”.
Manes alertó, además, sobre el impacto nocivo del uso intensivo de redes sociales y comparaciones constantes: “Hoy cualquiera se compara y eso genera frustración y depresión. La revolución tecnológica, la pandemia y la desigualdad producen violencia y una epidemia de trastornos cerebrales”.