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Según Hordás, no hizo falta esperar más de veinte minutos para recibir la visita de los médicos pese a que, al llamar, la operadora insistió en que, sin la oreja, podía desplazarse por su propio pie al hospital.
Hordás cree que la pérdida de la oreja era necesaria sobre todo para valorar la calidad asistencial de su aseguradora. “Me caduca el contrato en breve y antes de renovar con ellos quería saber si siguen respondiendo o no. No suelo tener problemas de salud y, realmente, uno no puede estar seguro como funcionan hasta que las necesitás de verdad”, explicó.
El balance del experimento es, según él, “bastante positivo” pese a que no se le ha podido coser la oreja porque el corte no era limpio. “Da igual, llevo siempre el pelo largo”, sentenció el afectado, que se siente honrado, pero va a quedar marcado para el resto de su vida.
3 de agosto de 2010