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“Los chicos criados en familias de delincuentes, festejan el primer robo como si fuera un cumpleaños”

El conurbano se ha convertido desde hace décadas, en un rehén silencioso del poder. Mientras se transforma en una selva densamente poblada, los gobernantes nacionales, provinciales y municipales hacen valer sus poderes para sacar tajadas, políticas y económicas.

Mientras esto sucede los que vivimos en este lugar de la provincia, sufrimos la falta de seguridad, salud y educación. Pero la inseguridad está en lo más alto de las preocupaciones de sus habitantes, hoy bandas de jóvenes y adolescentes que salen a robar, saquear y matar sin ninguna piedad, por botines que van de una bicicleta a un automóvil, desde un celular hasta una entradera.

La justicia justifica a diestra y siniestra libertades que siempre terminan en consecuencias y la institución policial, arrodillada desde hace 15 años al capricho de políticos de turno, que asciende a amigos y socios, sin importar el que trabaja, una fuerza donde ya no existen premios y castigos.

El conurbano seguirá así si el gobierno nacional no se junta con el provincial y entre ambos arman un plan de verdad, con bajada económica y de verdaderos profesionales, basta de nombrar políticos amigos que no entienden nada y solo vienen hacer sus negocios.

Otra de las cosas que más preocupa es que los delincuentes son cada vez más chicos, criados en el seno de familias de delincuentes, donde se festeja el primer robo como si fuera un cumpleaños, ni que hablar si matan un policía.

El narcotráfico, metido en el medio de los barrios más marginales, donde la policía casi ni entra y la droga se corta a conveniencia para luego venderla en todos los niveles sociales y ni que hablar de la droga sintética, que hace estragos en los jóvenes y adolescentes de clase media.

Después las comisarias, lugares donde antiguamente el vecino recurría y trasmitía sus problemas, hoy están vacías y solo pueden pasar la novedad, a las policías locales que sin lógica responden a los secretarios de seguridad del Municipio.

El problema parece insolucionable, quizá con el aporte de recursos significativos, poblando nuevamente las comisarías, con una Justicia inflexible y una policía profesionalizada, quizá la cosa vuelva a enderezarse.

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