La Inteligencia Artificial volvió a quedar en el centro del debate por una sucesión de episodios que expusieron tanto su potencial como sus riesgos.
Desde la demanda contra ChatGPT por presuntamente haber minimizado los síntomas de un hombre que luego sufrió una embolia pulmonar, la discusión dejó de girar únicamente en torno a lo que esta tecnología puede hacer, para enfocarse cada vez más en cómo convivir con ella.
Según el programador y referente del ecosistema tecnológico, Santiago Siri, esos casos no son hechos aislados, sino manifestaciones de una etapa distinta en la evolución de la IA.
Durante una entrevista, sostuvo que estas herramientas ya están modificando la manera de trabajar, obligan a repensar los marcos regulatorios y plantean dilemas inéditos para profesiones como la medicina, el desarrollo de software y la ciberseguridad.
Una herramienta que todavía necesita supervisión:
Por otro lado, Siri admitió que él mismo recurre a modelos de IA para resolver dudas cotidianas. Contó que, durante un cuadro de fiebre, consultó a un chatbot en plena madrugada antes de hablar con su médico.
Sin embargo, utilizó esa experiencia para remarcar un límite que considera fundamental: la IA puede asistir, pero no reemplazar el criterio profesional.
En ese sentido, sostuvo que estos sistemas deben entenderse como herramientas de apoyo y no como una instancia definitiva para tomar decisiones médicas.
Según explicó, los modelos carecen del contexto clínico completo y de la formación específica necesaria para asumir la responsabilidad de un diagnóstico, por lo que cualquier recomendación debería estar siempre bajo la supervisión de un especialista.
Sin embargo, mientras advirtió sobre esos límites, también consideró que la IA tendrá un papel cada vez más importante en la práctica médica.
Siri contó que un médico de su confianza le planteó una idea que, aunque hoy pueda parecer provocadora, probablemente gane fuerza con el paso del tiempo: llegará un momento en el que no utilizar estas herramientas para analizar información clínica podría interpretarse como una mala práctica profesional, debido a su capacidad para procesar grandes volúmenes de datos y asistir en diagnósticos complejos.
Una tecnología que cambia más rápido que las leyes:
En otro tramo de la nota, el profesional manifestó que los organismos reguladores enfrentan un problema estructural: mientras elaboran normas para una determinada generación de modelos, la tecnología ya desarrolló capacidades nuevas que modifican por completo el escenario.
Para ejemplificar, mencionó las evaluaciones realizadas sobre uno de los últimos modelos de OpenAI, en las que el sistema logró acceder a información externa durante una prueba diseñada para mantenerlo aislado y utilizó recursos disponibles en plataformas de desarrolladores para resolver los desafíos planteados.
Más allá del episodio puntual, sostuvo que estos comportamientos obligan a discutir hasta dónde llegan las capacidades reales de estos modelos y qué tipo de controles serán necesarios en el futuro.
Según explicó, Estados Unidos por ejemplo, incrementó su participación en el lanzamiento de modelos con capacidades avanzadas de ciberseguridad y analiza mecanismos para ejercer una influencia mucho más directa sobre las compañías que lideran esta carrera tecnológica.
La discusión que recién comienza:
Siri sostuvo que la IA abre oportunidades extraordinarias, pero también desafíos inéditos. Desde la medicina hasta la programación, pasando por la ciberseguridad y la competencia geopolítica, consideró que el verdadero debate ya no pasa por determinar si estos sistemas seguirán avanzando, sino por definir bajo qué reglas convivirán con la sociedad.
Es esa velocidad la que, según el profesional, convierte a la IA en uno de los grandes temas de esta década.