En el marco de una entrevista, el psiquiatra Ricardo Pérez Rivera (MN 87.924) y fundador de TOC Argentina, explicó qué es el trastorno obsesivo compulsivo, cómo se manifiesta y por qué suele confundirse con simples manías o rasgos de personalidad.
El profesional desarrolló la diferencia entre los pensamientos intrusivos normales y las obsesiones que caracterizan al trastorno, remarcó la importancia del diagnóstico temprano y aseguró que, con un tratamiento adecuado, las personas pueden llegar a vivir sin síntomas.
Asimismo, explicó los distintos tipos de TOC, desde el miedo a la contaminación hasta el temor a dañar a otros o las dudas obsesivas sobre la propia identidad, y explicó cómo funcionan la terapia cognitivo-conductual y la medicación en los casos que lo requieren.
Por otro lado, advirtió sobre el daño que provoca restarle importancia a este trastorno, la necesidad de consultar con profesionales especializados y afirmó que es posible recuperar una vida libre de síntomas.
Una definición clara:
“El TOC es un cuadro en el que la persona presenta obsesiones y compulsiones. Las obsesiones son ideas, sensaciones o imágenes intrusivas que generan malestar. Las imágenes pueden aparecer como fotos o pequeños videos tipo GIF que surgen sin que la persona lo desee y provocan angustia, tensión, ansiedad o nerviosismo”, explicó para comenzar el profesional.
Y continuó: “Para disminuir ese malestar, la persona necesita realizar alguna acción. A esto se lo llama compulsión, que puede ser motora, como lavarse las manos, o mental, como rezar o evocar algún momento positivo de su vida”.
“Además, los pacientes suelen evitar lugares asociados a esas ideas. Por ejemplo, si aparecen pensamientos de contaminación por gérmenes, la persona evita caminar por la cuadra donde hay un sanatorio”, ejemplificó.
Diferencia entre un pensamiento intrusivo en alguien sin TOC y en una persona que sí lo padece:
En la misma línea, Pérez Rivera explicó que “todos tenemos pensamientos intrusivos. Ahora, mientras hablo con vos, puede aparecer el pensamiento: ‘Uy, no saqué las milanesas del freezer’, y continúo la conversación”.
Y aclaró: “Ese es un pensamiento que no busqué, surgió y desapareció. Esto es un pensamiento intrusivo normal. La diferencia con los obsesivos es que estos generan malestar, van en contra de la esencia de la persona, suelen repetirse y persisten en el tiempo, obligando a realizar alguna acción para aliviar el malestar que provocan”.
La primera consulta profesional:
Al ser consultado sobre la asistencia médica inicial, el profesional contó: “El TOC se instala de a poco. Es insidioso y la persona se va adaptando lentamente a la idea que tiene, mientras las compulsiones aumentan en severidad y duración”.
“La consulta suele ocurrir cuando el TOC ya tiene suficiente gravedad como para impedir trabajar, estar tranquilo en casa o relacionarse con otras personas”, dijo.
En este sentido, sugirió: “Lo ideal sería que, gracias a la difusión, las personas consulten apenas comienzan con una idea o conducta compulsiva y digan: ‘Esto no es normal, voy a consultar con un especialista’”.
“Pero la mayoría consulta cuando ya están muy condicionados. El 80% de los síntomas empiezan antes de los 21 años. Por eso es importante que los padres estén atentos a la conducta de sus hijos”, alertó.
La atención temprana:
“Si atendés a una persona cuando aparecen los primeros síntomas, sobre todo antes de los 21 años, cuando el neurodesarrollo está en su plenitud, hay más chances de corregir el circuito neurobiológico anómalo que sostiene la sintomatología”, afirmó el psiquiatra.
Y manifestó que “cuanto antes se consulte, hay más chances de recibir tratamiento cognitivo conductual con exposición y prevención de respuesta, sin necesidad de medicación”.
Casos leves, moderados y severos:
El profesional compartió ejemplos para tomar dimensión de lo explicado: “Un caso leve sería, por ejemplo, si padezco TOC y toco la mesa pensando que está contaminada porque alguien estornudó. Siento la necesidad de lavarme las manos, pero como estoy en una entrevista, postergo lavarme”.
Y continuó: “Estoy atento a que mi mano está contaminada, así que la mantengo lejos de mi cuerpo hasta poder lavarme o ponerme alcohol en gel. Ese es un caso leve, porque puedo posponer el malestar”.
“En un caso más severo, interrumpiría la entrevista para irme a lavar las manos o usaría alcohol en gel en el momento. Si fuera severo, ni siquiera estaría acá, me quedaría en mi casa por miedo a contaminarme, o usaría guantes y tomaría otras precauciones”, afirmó.
El TOC más frecuente:
Ricardo Pérez Rivera explicó que existen subtipos de trastornos según la predominancia de los síntomas, y el de contaminación es el más frecuente, porque existe una sobrestimación del riesgo.
“No se trata de certeza, sino de duda: si toco tal cosa, me puedo contaminar. Hay un espectro que va de lo subclínico a lo clínico. Síntomas obsesivos, alguna vez, los tuvo hasta el 25% de la población, según estudios universitarios”, contó.
Otro TOC frecuentes según el profesional, es el temor a agredir o hacer daño a otros. Personas que, por ejemplo, sienten miedo de rozar a alguien y lastimarlo al caminar por la calle, o tienen la duda de si empujaron a alguien al conducir y sienten la necesidad de volver a comprobarlo.
A veces, el temor se orienta a lastimarse a sí mismos, por lo que evitan lugares altos o ventanas.
“También existen obsesiones relacionadas con la sexualidad, como el miedo a abusar de menores o de otras personas, o dudas sobre la orientación sexual. Personas que son heterosexuales y, de pronto, aparece la duda: ‘¿Me gusta alguien de mi mismo sexo?’ y eso les genera angustia, reveló.
¿Cómo se origina el TOC?
Tal como explica el profesional, el origen es genético. Se considera un trastorno poligénico, es decir, no se debe a la mutación de un solo gen, sino a la combinación de varios genes, algo que todavía está en investigación.
“Alguien nace con una predisposición a tener TOC, como todos. Las personas se enferman de lo que pueden. Por eso, hoy te pueden hacer un estudio genético y decirte: ‘Tenés una serie de porcentajes de probabilidades de poder enfermarte de tal trastorno’, explicó.
Y afirmó: “La mayoría de las personas que tienen TOC tienen padres, hermanos, tíos, primos o abuelos que han presentado síntomas subclínicos, han padecido TOC, o tienen lo que se llama trastorno obsesivo de la personalidad”.
Al ser consultado sobre cuántas horas de la vida de una persona se puede llevar el TOC, afirmó que “se puede llevar de un par de horas al día a todo el día”.
Diferencia entre el TOC y la personalidad obsesiva:
Pérez Rivera reveló que ambos pueden transmitir síntomas obsesivos compulsivos a la descendencia, pero en el caso del TOC se presentan obsesiones y compulsiones.
“La personalidad obsesiva define a personas meticulosas, detallistas, con tendencia a la perfección, al control, pensamiento dicotómico (blanco o negro), dificultad para delegar tareas, inclinación al ahorro por la posibilidad de necesitar dinero en el futuro, y tendencia a guardar objetos con dificultad para descartarlos”, explicó.
Y sumó: “No tienen ideas intrusivas ni compulsiones, sino una forma rígida de ser. En ese caso no es un TOC, pero existe la posibilidad de que en la descendencia aparezcan síntomas obsesivos compulsivos”.
Asimismo, confirmó que la más frecuente es la personalidad obsesiva.
¿El TOC se puede curar o solo se aprende a convivir con él?
El profesional afirmó que “el paciente puede vivir sin síntomas. A eso debería apuntar el tratamiento. El TOC tiene fama de ser resistente y, durante años, el objetivo era que el paciente mejore un poco. Pero el objetivo debe ser la desaparición de los síntomas”.
“Los estudios indican que los síntomas desaparecen en hasta un 30% de los pacientes y mejoran en un 50 o 60%. Esto ocurre porque los estudios suelen emplear dosis moderadas de medicación o solo terapia”, contó.
En centros especializados, la probabilidad de quedar asintomático sube al 70%, según el psiquiatra. “Son profesionales que atienden únicamente a pacientes con TOC y aplican la técnica adecuada”, lanzó.