Victoria Onetto: "Mi abuela fue una líder montonera"

Hace de psicóloga sado en Botineras y ensaya para la obra Posparto. Habla de su padre asesinado en el ’74. “Nunca soy lo que la gente cree que soy”, afirma.


Victoria Onetto siempre brilla. Pelambre interminable, boca rojo shocking y tacos. Aunque ella explica que es una “chica normal”, resulta casi imposible tomarla en serio. Sobre todo cuando se la ve en escenas de alto calibre junto a Gonzalo Valenzuela en Botineras. Pero para confundir a las masas, ella necesita desafíos. Así confiesa, intensa. Ensaya Posparto, una obra de teatro que difunde los asuntos de la maternidad, algo que conoce bien ya que lo ejerce con Eva, su hija de tres años.

¿Por qué la llaman siempre para personajes sexies?
Yo te diría que no. Quizás en la conciencia, eso es lo que trasciende, pero si ves mi currículum, no.

Tal vez tenga el physique du rol perfecto
Puede ser. Mis trabajos en tele, en teatro o en cine, generalmente no son todos parecidos, pero los que han tenido que ver con la sexualidad se recuerdan mucho. Y como mi physique du rol tiene que ver con eso (risas), sucede. Pero la señora que me venía a ver a Pijamas en Mar del Plata no decía eso sino otra cosa; o las chicas que me veían en Muñeca brava se acuerdan de mis mariposas en la cabeza y no piensan en la bomba sexy.

Que la llamen para que haga de sadomasoquista, ¿le gusta?
Lo tomé como un halago total. Hacía rato que no hacía tele, casi cuatro años. Nació Eva, después hice una participación en Canal 7, en la novela de Leonor Benedetto. Hice de una psicóloga hippie y el canal no había estado de acuerdo porque les daba muy sexy. Pero ella insistió en que fuera yo porque a ella le pasaba lo mismo. Siempre la llamaban para hacer de sexy. Por eso te digo que sé que puedo tocar distintas teclas. Con el personaje de Botineras toco dos teclas: una psicóloga de día y de noche es una perversa total.

¿Tenía ganas de volver?
Sí. Tengo una hija de tres años y medio, y la maternidad me cambió la vida, me cambió la forma de relacionarme con la profesión. Las prioridades son muy claras. Mi hija y mi familia son lo más importante. Ahora veo todo desde otro punto de vista. Todo lo tomo como un lujo, un placer y una bendición.

Y además está por hacer teatro
Sí. Estoy ensayando una obra que se llama Posparto con textos de Laura Gutman, junto a Laura Azcurra y Laura Oliva. Vamos a hablar de lo que pasa al año de ser mamá y estrenamos a fines de agosto. Obviamente cuando sos mamá, de lo único que hablás es de eso. Cuando yo no tenía a mi hija, todo eso me parecía un  plomo.

¿Su experiencia tiene que ver con su personaje?
Completamente lo contrario. Mi personaje siente que su bebé le robó la vida, la sexualidad, el marido. Nada que ver con lo que me pasó a mí, que fue un embarazo buscado, fuimos muy conscientes. Yo no quería transitar la maternidad como una omnipotencia ante la trascendencia, sino que quería armar una familia.

¿Cómo maneja la estética con la maternidad? ¿Volvió rápido al lugar de mujer deseante-deseada?
En el primer año, el único vínculo importante fue con el bebé, lo demás no te importa nada. Tu marido es lo mismo que sea el verdulero. No le di ni cinco de pelota durante el primer año. La relación de pareja fue muy conflictiva. Tiene que ser muy fuerte el hombre para darse cuenta de que tiene que transar con eso. Yo fui y soy una mamá completamente devota a mi hija. Me decían que me la tenían que despegar. De hecho no he laburado mucho porque sentía el deseo y la convicción de que lo que tenía que hacer los primeros años de mi hija, era estar con ella.

Usted parece otra cosa
Soy consciente de que mi imagen es completamente diferente a lo que soy. No tengo conflicto con eso. Sé quién soy.

Tiene una imagen muy potente pero intentó una carrera “seria”. Las bombas sexuales no son buenas actrices, pero usted rompió el esquema. ¿Cómo hizo?
Fue un trabajo y me sigue pasando todo el tiempo. El año pasado había quedado en el San Martín para hacer Juana Azurduy, pero después no fue, la eligieron a la Flechner. ¿Sabés la cabeza que tiene que tener un director para pensar en mí? Yo tendré que seguir trabajando para demostrar que puedo.

¿La frustra?
A veces siento que nos faltan 700 años para ser una sociedad como Amsterdam. Pero creo que debo seguir con mi convicción y estar segura de hacia dónde voy. Y sobre todo, ser fiel a mi deseo.

Participó de Bailando por un sueño, ¿la llaman para hacer de vedette?
Lo hice cuando estaba embarazada de tres meses. Y sí, a partir de eso me llegaron propuestas de laburos que no me interesa hacer. Yo no me quiero poner el conchero, no lo quiero hacer. No porque no pueda. A mí me encanta bailar, podría hacerlo. Pero el laburo no es sólo eso. Son muchas horas y quiero trabajar con gente a la que admiro, a la que respeto o que me aporte algo a la cabeza. No quiero estar con ese puterío todo el tiempo. Yo no soy eso. En ese sentido te digo que hay que ser muy fuerte para tener la rienda para que ese caballo vaya adonde vos querés.

O sea que desechó ofertas importante de dinero
Obvio. Y además, yo apuesto a ser actriz a largo plazo. Todo esto (señala su cuerpo) a la larga, se me va a bajar. Y tampoco quiero operarme y ser eso que veo en la tele, porque me parece un horror. Cuando veo eso me digo: “¡Qué espanto!”. Cuando yo no me guste más, haré otras cosas. Apuesto al futuro de mi vida. El otro camino es corto y efímero. Hay que tener claro qué es lo que uno quiere hacer y con la gente que lo quiere hacer, y yo quiero trabajar con colegas míos, con pares que respeto y admiro. Lo de Bailando... fue una experiencia muy dura. A la mayoría de mis amigos los conocí trabajando y estoy acostumbrada a que cuando llego a trabajar, el director te ama, quiere sacar lo mejor de vos. Y en Bailando... era al revés, era una disputa feroz.

¿Se mira mucho al espejo?
Sí.

¿Es muy exigente con lo que ve?
Soy benevolente, no me quejo. Tampoco soy tan exigente. No me hago nada de lo que se hacen todas las chicas. Por ahora no. Me veo y estoy bien.

¿Es una persona comprometida políticamente?
No hago política pero sí me interesa la política. Además, vengo de una historia familiar muy pesada. Entonces, inevitablemente tengo opinión sobre ciertas cosas. Soy buena observadora, tengo mi opinión.

Su generación en un momento despreció la política. Hubo muchos de su edad que afirmaban que no entendían de política.
Soy hija póstuma. A mi padre lo mataron en un enfrentamiento armado en Tigre junto al sobrino de Frondizi, Diego. Él tenía 23 años y mi mamá estaba embarazada de mí, de cinco meses. Cuando pienso en ella y la situación que tuvo que vivir a los 25 años, embarazada y con una hijita de dos años, la entiendo mucho. Mi abuela paterna, la madre de mi padre Manuel Belloni, a partir de la muerte de su hijo, se metió en política. Fue una de las primeras líderes montoneras. Mi abuela tuvo pedido de captura en el ’74 y se tuvo que ir, y recién volvió con la democracia. Para mí fue toda una revelación porque fue revivir a mi padre a través de sus relatos. Siempre me habían dicho la verdad pero cuando tomé conciencia a los 18 años, empecé a decir la verdad sólo cuando me la preguntaban. Vuelvo a decirte, yo sé quién soy. Y sobre todo, nos pasa a los actores que siempre nos paran en la calle y nos dicen: “Vos sos…”. Nunca soy lo que ellos creen que soy.
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